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Descansar no es perder el tiempo

Muchas veces se piensa que estar ocupado es sinónimo de productividad y pareciera que, si no “estamos haciendo algo”, no somos eficientes. Lo anterior unido a que vivimos en una lucha constante contra el tiempo. 

Tony Schwartz, periodista y autor del libro “El Poder del Compromiso” nos hace ver este tema rompiendo un paradigma, y es que no debemos gestionar el tiempo, lo que debemos gestionar es nuestra energía. 

Schwartz lo explica así: La clave para el alto rendimiento es gestionar la energía, ya que el tiempo es un recurso limitado, el día siempre tendrá 24 horas y la semana 7 días. La energía, aunque se nos puede agotar, es un recurso que sí podemos gestionar y regenerar, regulándola con dos factores determinantes: el desgaste y la recuperación. 

Cuando hay estrés crónico, se produce fatiga y agotamiento, sin embargo, consideramos que detenernos no nos hará avanzar, cuando en realidad es todo lo contario. El no detenernos influirá directamente en nuestra salud y rendimiento. El problema no es el estrés, el problema es la falta de recuperación. 

Un ejemplo sencillo es el ejercicio: ante entrenamientos intensos en donde los músculos y nuestro cuerpo se estresan con el esfuerzo, se recomiendan pausas para dar tiempo al cuerpo de restablecerse y hacerse más fuerte. Continuar con el mismo nivel de entrenamiento no solo nos cansa, no da tiempo de recuperarnos e incluso podemos lesionarnos. 

Según estudios de Schwartz y otros investigadores, las personas que se consideran exitosas, combinan sus periodos de intensa productividad, con periodos de recuperación, a lo que se le ha llamado “zonas de creación de energía” lo cual ayuda a equilibranos para generar más energía en lugar de tratar de gestionar el tiempo. 

El descanso no es sinónimo de no hacer nada, es hacer aquello que nos energiza y que impactan nuestro cuerpo, emociones y cerebro: una dieta saludable, hacer ejercicio regularmente, descansar y dormir bien, construir y mantener relaciones (con familia, amigos, compañeros de trabajo) y tomar tiempo para nosotros mismos en aquello que nos llena de satisfacción: leer un buen libro, pintar, escuchar música, en fin cada uno sabe lo que lo energiza. 

Lamentablemente pensamos que al hacer estas cosas estamos perdiendo el tiempo, cuando en realidad estamos potenciando nuestra energía para un mejor rendimiento. Esto nos beneficia como seres humanos y claramente tiene impacto en las organizaciones y en la sociedad.

Mi zona de confort

El término zona de confort es muy utilizado, sin embargo, pocas veces nos cuestionamos acerca de su significado e implicaciones. El término se le atribuye a Stephen Covey, sin embargo, Matti Hemmi es un autor que aborda este tema de manera muy sencilla en su libro Te atreves a soñar? En términos simples, la zona de confort es aquello que hacemos fácil, que dominamos y controlamos y que por lo tanto no nos requiere mayor esfuerzo, es la zona de lo conocido. Por otra parte, tenemos diferentes zonas de confort: en nuestro trabajo, en nuestra familia, con amigos, etc. Por sí misma, no es ni buena ni mala. Sin embargo, a veces no estamos satisfechos con nuestra realidad, y aun así evitamos salir

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